Mar bravo

Si me sumergí en este mar tan bravo
fue a ojos cerrados y aguantando la respiración,
que sabía ya de lo turbias que eran sus cautivadoras aguas.
Pero oh, me tragué esa sal maldita que acarreaba,
y por querer entender qué tan profundo había llegado,
abrí los ojos y se llevó parte de mi ser a través de ellos.

Fui débil, Luna,
¿por qué no me sacaste de allí?
Su oleaje me cubría entera la piel,
se alejaba dejando sobre mí esta humedad inquietante y
por no acabar nunca de secarme al sol
prefería volver a entregarme y que su frío me engañara
convirtiéndose pronto en falso abrigo.

Luna, no sabes detenerlo,
tampoco lo sé yo.
Por eso me voy de estas costas,
para no volver jamás.


(Estoy en proceso de volver a darle vida al blog, aunque probablemente comience con esto,
que prácticamente es lo mismo que he estado publicando en instagram. Además del rescate
del blog, tengo un proyecto un poco más grande entre manos del que no dejaré ver todo,
pero es bastante probable que vean sus bosquejos y señales en algunos de mis textos que
estarán bajo el hashtag #náufraga y que, sobre todo en ellos pero bien saben que en todos 
es por igual, recibo a brazos abiertos críticas, apoyo y consejitos. Abrazomarinogigante.)

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