Traicionero

Eras el mar bravo cuando te conocí: agigantado y caótico, no había quién confiara en tus olas. Temí que me hundieras cuando oí cuántas barcas yacían ya en tus profundidades, cuántas habían decidido navegarte y no quedaba de ellas más que esqueletos en madera rota. Pero ahí estaba, de pronto, flotando en tu pleamar, tragándome hasta tu sal emponzoñada. No sé cómo salí viva y con fuerzas, no sé cómo el mal de navegante no me tiró contra el suelo al volver cuando sentía tu vaivén aún en mi cabeza. Y antes de enfrentarme otra vez a tus mareas, esperé esa cuadratura lunar que equilibrara todo y una mañana clara para poder ver lo que escondía tu oleaje.

Ahora estoy en tierra (firme es mucho decir) con mareo de navegante. Y creo que aunque me digan que el mar es   t  r  a  i  c  i  o  n  e  r  o ,  realmente vale la pena correr el riesgo.

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