XXII

me escondo entre las ondas oscuras de tu pelo,
chiquita y alegre jugueteo entre abrazos
para acabar durmiendo cual niña sobre tu pecho.
niña cansada que llora sus penas,
fundida el alma hasta ser pajarillo
enjaulado en tus costillas.
tendrías que abrirte en canal, solo por mí,
pero dices mi nombre y no logro salir,
¿me dejarás sola, agonizando, aquí?

dices mi nombre, gritas mi nombre,
susurras para que te escuche mejor,
mis alas atrapadas
no pueden contra tus entrañas.
te recorren como plumas
arrancadas mis palabras.
¡suelta al ave,
vomita el cadáver!

Verano de despedida

el ritual de las cuatro am va desde la camisa celeste de marzo hasta la polera negra de enero;

va desde la cabeza ladeada y la media sonrisa de no estar seguro de si era yo quien se acercaba,
hasta los ojos tristes de estar completamente seguro de que era yo quien se alejaba;

va desde el tímido saludo (y mi sensación de que algo importante iba a cambiar)
hasta el irrefrenable beso de despedida (y mi seguridad en que definitivamente todo había cambiado).

1.

me adentré directo hacia la corriente con la paz del que juega en la orilla,
¿qué más podía esperar, si yo ni siquiera sé nadar?